Gingerbread en julio
28 jul 2010 Dejar un comentario
Eli’s blog goes cooking blog! He he he.
Hoy, lectores míos, muy a su pesar he de escribirles acerca de mis aventuras culinarias.
Resulta ser que nunca me ha gustado cocinar. Bueno, me gusta un poco, pero en realidad no me emociona; excepto cuando se trata de hornear. Realmente es una de las cosas que más me gusta hacer en mi tiempo libre, y la verdad es que si por mi fuera, tendría a todos mis conocidos (incluyéndome) en engorda de tanto que hornearía.
Una vez establecido lo evidente, diré que jamás me había puesto a pensar en los motivos, yo sólo horneaba y me divertía mientras lo hacía. Recuerdo que en alguna ocasión, la mamá de una amiga mía me dijo que para hornear se necesitaba un cierto encanto que no siempre estaba presente en el resto de la cocina, y aunque me pareció un comentario interesante, jamás lo tomé muy en cuenta. No fue sino hasta hace dos días, mientras horneaba unas galletas, que tuve la revelación que ahora comparto con ustedes.
Hace unos meses, mi novio Rodolfo comenzó a insistir con que le encantaban las galletas de jengibre, y que ya que me gustaba hornear, debería de intentarlo. Debo ser honesta, jamás lo había intentado, pero el reto me encantó. Para este punto, yo no hacía más que unas cuantas recetas probadas, con resultados aceptables, por aquello de que el arte de hornear y la altura de la Cd. de México (+7000 ft.) no se llevaban muy bien.
Ya con el encargo, me di a la tarea de lograr hacer dichas galletas, basándose el primer intento en la receta de Alton Brown para hacer Ginger Snaps. La receta requería hacer jengibre caramelizado, el cual quedó tan picante, que hasta dudé que hubiera comprado jengibre… mal comienzo, en definitiva. Sobra decir que la ‘misión galletas de jengibre’ falló rotundamente, pero más que deprimirme, sólo me motivo a intentarlo una vez más.
Algunos días después del fallo, mi novio no sólo me hizo saber que quería galletas de jengibre, quería ‘hombrecitos de jengibre’ específicamente. Así, la ‘misión galletas de jengibre’ tuvo un revival y yo me di a la tarea de encontrar la mejor receta de gingerbread cookies que la interné pudiera ofrecer. No sólo eso, me di a la tarea de encontrar al mismo tiempo que la receta, algo que me explicara por que la altura era tan mamona y que podía hacer uno para contrarrestarla.
Fue así como escogí esta receta y llegué a este sitio. Una vez leído todo lo que había que leer, mi confianza se había triplicado y me dispuse a hornear una vez más. Como la receta era para demasiadas galletas, dividí con precisión todas las cantidades a la mitad, y posteriormente hice los ajustes pertinentes a los resultados. Con un poco de nervio, fui siguiendo paso a paso la receta, esperando que algo fuera ridículamente mal o que ya no supiera ni dividir y que la masa pareciera moco o algo parecido. Sabrán ustedes que pasé algo así como media hora bailoteando y gritando cuando me asomé al tazón de la batidora y vi esto:
¡De verdad que no lo podía creer! La masa de mis galletas se veía más que perfecta… algo que uno esperaría ver en la tele, mas no en la cocina. No era una masa muy blanda, no tenía grumos y tampoco era muy pegajosa; tenía la textura y consistencia perfecta para estirar y cortar. Sin embargo, aún no podía cantar victoria, la masa tenía que pasar la prueba del horno primero.
Horas después, el resultado final: 5 charolas de perfección absoluta, las galletas no se aplanaron, ni explotaron, ni se secaron; en resumen, no les pasó nada de lo que le pasa a las galletas cuando uno las hornea a más de 7000 pies de altura. Nomás porque ya no tenía mucho más que hacer y quería hacer algo para ocultar un poco la palidez y monotonía de las galletas preparé un glaseado de limón muy simple y lo teñí de colores extraños. Les presumo mis galletas:
Fue en ese momento que lo comprendí, no horneo para comer; de hecho, rara vez pruebo lo que horneo. Horneo por la emoción de transformar unas cuantas tazas y cucharadas de algunas cosas en elefantes grises, corazones rojos y ositos verdes. Estoy casi segura de que es algo que pocas personas pueden hacer bien, incluso si no tienen problema cocinando otras cosas. Es como lo que le dije a mi mamá cuando no tenía razón: ‘mi papá no puede seguir una receta sin improvisar ni para salvar su propia vida y podemos decir que hace de comer, pero, ¿de verdad crees que podríamos ponerlo a hacer un pastel sin que lo hiciera explotar?

